martes, 30 de septiembre de 2008

Cortinilla

Hoy he salido a la calle de una ciudad contingente, el tiempo socava en presente lo propio pulido al detalle. Caras de nécora y hueso posando en colosos tablones y venga de nuevo elecciones después de un nutrido congreso. Escrito prosaico en faldones, unidad, democracia y progreso, y yo me pregunto por eso, si mejor no estaría en la playa, llevando una vida canalla, con una que este como un queso, leyendo a Platón o a Celaya, fumando pitillos con si eso. Hoy he salido a la calle de una ciudad estridente, es natural que la gente de vez en cuando se ralle. Porque se riñe por poco y se discute por nada y es fácil volverse loco, llevarse alguna cornada. En este país que ya huele, de patria chica y corona, de gente tan lista y muy mona que se prodiga en la tele; tener tribuna en los toros es cuestión de entrenamiento, sudar Chanel por los poros y que te importe un pimiento. Hoy he salido a la calle de una ciudad permanente, es de cajón que la gente de vez en cuando se explaye. Hay una vida sencilla, otra colmada en exceso, unos por la calderilla y otros se llevan el grueso. Por eso si nadie te pilla y si no te llevan preso, hasta que te quedes tieso, si es por eso cortinilla. Hoy he salido a la calle de una ciudad contingente, es natural que la gente de vez en cuando se ralle.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Alfonso


Aquellas tardes de sábado y primavera, Alfonso, eran impagables. Quedábamos siempre en tu casa alrededor de las seis; aquel piso castizo y lírico de Francisco de Ricci. Sonaba, de Leonard Cohen, Suzanne al final del pasillo eterno donde Lourdes cortaba el pelo a tu padre; ilustre teólogo, ex dominico apóstata y filósofo. De formali constitutivo personarum in divinis. Cuidarán de ti, Alfonso, las caracolas de Punta Umbría y tu querida Matuka bajo las olas de Isla Cristina. Se acabó el miedo y la sospecha, el daño y la irreparable herida porque vuelves al mar y a la sal que te dio la vida. Quosque tandem Catilina abutere patientia nostra. Gloria a ti, Alfonso amigo, Ildefonso hermano.

viernes, 29 de agosto de 2008

Patering

Me duelen tus enormes ojos negros que reclaman inflamados la esperanza cautiva que agoniza en silencio. El mismo silencio, oscuro silencio, cómplice de todo cuanto se urde en la misma noche de siempre. Indolente la conciencia compartida, la nutrida e implicada corteza social, se despoja de la solapada congoja, con el breve argumento sempiterno y distante del clásico “y qué le voy a hacer”, un típico en la familia. Y mañana siempre llega como ayer, huyendo del qué diré, dejando a sotavento un reguero de caricias rasgadas. Y por calles eternas, presumiblemente dormidas, esquivaremos afilados susurros que atenazan cortantes, la razón
al paso que me lleva indubitablemente hacia ti, que te acerca inevitablemente hacia mí; que nos trae por aquí, por el camino verde que va a la ermita, por la vereda negra de la amargura. Tus enormes ojos negros aún por conocer, explorando atentamente este mundo sin fronteras, un despiadado instante que atenaza la sonrisa, que amordaza la vida. Sigilosa la daga.
Cuánta corbata manchada de huevo frito.

jueves, 14 de agosto de 2008

Retrato

Vine al mundo un mes de junio como no a "La Milagrosa" como el sexto de una de ocho, la familia numerosa. Una infancia primorosa que colmaba mi destino, me llevó como una losa a militar como agustino; que veneno sibilinio, que violencia generosa, yo que hacia los deberes hora en verso, hora en prosa; cuanto aceite de ricino, cuanto ruido de baldosa, la reválida de sexto, los garbanzos en la sopa. Yo que hacía baloncesto, que me dieron una copa, que soñaba con Bonanza, con viajar a Minesotta. Como andaba siempre en danza no sacaba buena nota.
Del rosario y la ordenanza acabé hasta la picota, castigado en la buhardilla, que paciencia por favores, que dolores de rodilla ( sanwiches de los mejores). Entre tanta cortinilla de ambrosías con amores y placeres a porfía con riojas y riberas, me incline mas por las peras que por flores a María, mas de nuevo fui a cagarla poco mas allá de Parla y me aliste de voluntario al ejercito del aire, doce meses tributario desfilando con donaire; a la orden mi sargento nunca quise ser soldado, no me agrada este fregado, no me place el argumento; mi guitarra es de momento la escopeta que he empuñado, mi maleta de canciones es mi único armamento. Por bandera mi ventura sin asiento en este viaje, los recuerdos mi equipaje, tanto amor todo locura. Y allá voy sin darme cuenta como un loco por fortuna, he cumplido los cincuenta dando gracias a la luna. Fiel al tiempo y a la historia se despacha la memoria entre pétalos amargos y laureles con euforia. A la sombra de una herida, ea, paz y después gloria, que mas vueltas da la vida que un burrito en una noria.

sábado, 26 de julio de 2008

Julio

Definitivamente Julio es mi mes querido, difuminados atardeceres que se desvanecen sigilosamente por el horizonte, el sol que se quiebra en el firmamento y muestra su aspecto mas dulce allá en el ocaso de los tiempos, resignado como siempre hasta otro mañana por venir; un clásico. Porque será que el verano es tan corto y Buenos Aires una ciudad enorme y apasionada, de calles eternas y profundas heridas que el tiempo no quiere borrar. Las ciudades son libros que se leen caminando. De Tucumán hacia San Télmo los balcones te susurran de amores y arrabales. Compadre y hermano Quintín que mano tienes para el asado, asadíto y dulce de leche, la matera y la bombíta y ese termo bajo el brazo, calle abajo hacia el puerto y Montevideo.
Cuanto tiempo estaremos muertos che, vivamos pues apasionadamente.

domingo, 27 de abril de 2008

Apocrifolía

Insisto, soy un hombre analógico, un romántico temerario y aventurero ligado emocionalmente a la historia y a la naturaleza. Al Joralillo cuando al amanecer, en los bosques de Efromea seduce a la hembra del Jirjincho con su canto coralino y desesperado. No he vivido nada mas hermoso que un atardecer en la playa de Besmunia contemplando como el sol, en los estertores del ocaso flamea sutilmente la cresta de una ola condenada al promedio. Es asombroso el cauce del Kereléo a su paso por Chumgrim, la ciudad de los Soframitas, cejijuntos guerreros que arrojan fuego por la nariz. Las noches en santa Berena son un disloque para los sentidos. El cielo azul turquesa se tiñe de oro y nácar y un aroma “de a frambuesa” se diluye por las praderas que peinadas de cantueso arrebatan al silencio una brisa aflautada y sibilina. Numerosas son las mañanas de primavera en las que el Nasmuti, el monte otrora volcán sagrado de los antiguos Jusneitas, aparece cubierto de pétalos de Boleia, la flor azul que solo crece en las profundidades del mar dulce de Talonia. En otros tiempos, las imponentes murallas de Adrisdergis, la ciudad de las Mainonias, jóvenes arqueras entregadas permanentemente al placer protegieron a una población diezmada de Amurios, de un ejercito de diez mil Catrianos armados ferozmente hasta los dientes, cabalgando sobre mas de cinco mil Bulotes, veloces palmípedos similares al camello y unos tres mil Elforones, especie de paquidermo similar al elefante, todos ellos comandados por Ajílias Parcas, tirano rey de Catria, la patria del gran poeta Saufos quien antes de suicidarse escribiera las hermosas glorias a Efluvia, diosa del llanto celestial. El mundo es cada vez mas grande y temerario mi añorada Efluvia y las dudas duelen como las horas robadas al sueño que exige razonablemente la noche divinamente estrellada; ahora bien, no es mas pequeño ni el amor que estimo necesario para salir a tu encuentro, ni la celosa herida que sin tregua, pretende socavar mi irrevocable decisión de vivir amándote apasionadamente hasta el final de mis días......oyes.

lunes, 14 de abril de 2008

Jardines en el Cielo

Hace tiempo que no atiendo al universo que me ofrece el infinito derroche inagotable de galaxias y planetas. Ajeno a la sustancia indispensable que alimenta el pensamiento, la mística y la ciencia, la música y el verso; me entrego ingenuamente a la rutina de lo breve, la culpa y el lamento va por días; la táctica y el gesto. Consciente de lo efímera y aciaga que suele ser la vida, me empeño en todo aquello inconsistente que resuelve en lo inmediato. Esquivo a duras penas maldiciendo los enredos del destino. Las horas de oficina para aquellos con cara de pepino. La turbia magia negra, la blanca medicina, la dieta del serrucho, la piel con vaselina. Las noches de cabiria, las duchas de agua fría, la misa y el rosario con flores a María. Me pesa todo el resto de este sueño que al cabo por siniestro total y no parcialmente indigesto, vandálico y funesto; al fin se torna en gesto y con vehemencia, machaca la conciencia; el delicado espíritu incipiente, lacónico y modesto, la fuente de la vida, de cada día nuestro, el pan que rico aguarda tan tierno en aquel cesto; las suaves primaveras, los cánticos tan bellos, caricias, ambrosías, apasionados cuentos, batallas empatadas marcadas en los huesos, heridas mal curadas, históricos excesos. Que lastima Belinda, que amores son aquellos, laureles de otro mundo, jardines en el cielo.