viernes, 10 de agosto de 2012
Montevideo
Montevideo. Paseando por la costanera de esta ciudad fronteriza, hacia
la Playa de los Pocitos, frente al imponente Mar del Plata; no puedo por
menos que recordar al bueno de Quintin Cabrera, Uruguayo de pro y
exiliado trovador en una España de rancio
tránsito, cuando cantaba aquéllo de "las ciudades son libros que se
leen con los piés"; afortunadamente no son pocas aquéllas ciudades que
sobreviven al expolio meditado de la razón, la cultura, la buena
educación, el arte y el buen gusto. Es cuando menos preocupante, salir
al encuentro de la vida, de los días y las cosas, con la conciencia de
sentir y padecer que lo que a uno ya no le emociona, ya no le interesa.
Afortunadamente la memoria esboza recuerdos vividos o imaginados sobre
el lienzo imperturbable que nos deja el tiempo. Mario Benedetti, Juan
Carlos Onetti, Antonio Larreta, Eduardo Galeano, Cristina Peri
Rossi.... sus entrañables relatos, sabias palabras, poemas y pausadas
reflexiones, salen al encuentro del viajante, por las esquinas de esta
Atenas del Plata; a este otro lado del mundo, donde las estrellas,
alumbran como candilejas de otro tiempo, entre medio y medio; noches de
murga, candombe y tango.
Suipacha 309
De nuevo en Buenos Aires, solo por unas horas de paso a Montevideo, a bordo de este Café de los recuerdos. Salgo a caminar, por la cintura cósmica del sur, piso en la región, mas vegetal del viento y de la luz; siento al caminar toda la piel de América en mi piel ... y un frío tenaz y un viento aprendiz de vendaval, me sacuden el rostro al pasear; la gente a cientos y a tropeles, camina veloz en todas las direcciones posibles, imprimiendo urgencia; un tráfico endiablado a la carga y el obelisco frente a mi ventana; algún café de tantos, impenitente al desaliento, donde parece que el tiempo se detiene por un instante, esos pequeños placeres que dejan las ciudades omnivoras y de nuevo en Buenos Aires como siempre, trepidante al desaliento.
Rosario II
Bueno..... una pena si, pero nos vamos de Rosario, felices y contentos.
Después de ese viaje agotador desde el Madrid de los Austrias y a la
sazón de algunos pequeños lógicos desajustes técnicos y humanos en el
estreno del sábado; aunque por encima de
todo, fueron cuando menos, tres horas muy divertidas; a la postre nos
reímos mucho; el concierto del domingo honestamente creo que estuvo
impecable, aún diría más; intenso. Volvemos a Buenos Aires para, ipso
facto, viajar a Montevideo por las aguas caprichosas del Plata. Adiós
Rosario querida, otra vez será, fue como un suspiro, pero como siempre
un agradable reencuentro. Quisiera volver, quien sabe...quizás, ojalá,
el año que viene con mi próximo disco. Como siempre, sería un placer;
hasta entonces, en lo personal, me llevo el cariño de los buenos y
queridos amigos y amigas Rosarinas. Cuanta cultura, actividad
polifónica, multitimbrica y cosas que ver, hay siempre en esta ciudad.
Con el debido y querido respeto, besos y abrazos de este viejo lobo para
todos, menos uno; ( que no es de Rosario ) Desde este Café itinerante
de los Recuerdos, familiares y amigos como diría el ínclito; ha sido un
placer, cuidense y hasta pronto.
Rosario I
Ya estoy en Rosario!! por fin....veinticuatro horas de viaje vía París...Oh la, la. Ayer disfrutando de las noches azuladas y estrelladas del verano caluroso en Valdemorillo y hoy en Rosario, cuna de poetas visionarios. Lluvia tras los cristales de un onceavo piso; mañana empieza esta gira. Un placer volver de nuevo a esta patria que tanto cariño nos dispensa.
sábado, 30 de junio de 2012
Cantabria
Este
mediodía, la playa de Valdearenas era un derroche de belleza sin
paliativos. El mar, de un solemne azul
verdoso, mostraba imponente toda su majestuosidad. Un frenético tropel de olas, arrebataba la orilla
sin tregua, dejando sobre la refinada arena rosada; abanicos de espuma. Cantabria me tiene
embriagado, venir a este privilegiado rincón del norte, es un placer impagable. Sentado en una piedra
junto a mis queridos sobrinos, Ana, Lucia y Eduardo, contemplaba este sublime regalo de
la naturaleza, y al tiempo que una brisa generosa me colmaba los pulmones, por un instante, con la mirada puesta en el horizonte, de mis
labios; he pronunciado tu nombre.
domingo, 24 de junio de 2012
Aguilar de Campoo
Un frío notable me sorprendió al llegar a Aguilar de Campoo, no en vano esta pintoresca villa se encuentra a novecientos metros de altura sobre el nivel del mar, en plena montaña palentina y al paso del rio Pisuerga que se desplaza a una velocidad notable por la rivera del pueblo. Aguilar, como todo el mundo ha de saber, es famosa por su industria galletera, nueve de cada diez galletas que se consumían en España allá por los años sesenta, salían de Aguilar hacia los hogares españoles; la decima galleta no se sabe de donde procedía, es probable que del Obispado de Cuenca o del Palacio del Pardo. La historia de este pueblo es notoria, poblada por Cántabros, Romanos y Visigodos, también fue baluarte durante la dominación árabe y villa importante durante la edad media, al punto que Pedro Aguilar, hijo bastardo del rey Alfonso XI el justiciero, a la sazón ilustre devorador de obleas, fue titular del señorío de estas tierras. La colegiata de San Miguel es de una belleza extraordinaria, así como la ermita de Santa Cecilia, donde ya hace algunos años, tuve el honor de ofrecer mi primer concierto en esta villa.
De
nuevo he tenido el placer de compartir una tarde - noche con las buenas gentes
de esta plaza. Gracias a Belén de Benito y a Pepin Tre, por proponerme y a Isabel
y Jorge Sanz por invitarme a ofrecer de nuevo un concierto, en esta ocasión, en
el bien remozado Cine Amor , dentro de este primer encuentro del ciclo Trovaguilar.
El público me dispensó un cariño extraordinario y siendo así, más aún si cabe;
uno se empeña en ofrecer lo mejor de sí mismo. Un éxito compartido. Gracias y
hasta pronto.
lunes, 11 de junio de 2012
Tenerife
Salimos de Madrid el 4 de Junio, justamente al día siguiente de mi cumpleaños, a las 10 y media de la mañana, rumbo a Tenerife. Dos horas largas después, justamente cuando el viaje empieza a ser moderadamente inquietante se divisa a la derecha la imponente cima del volcán del Teide por encima de unas nubes blancas, impolutas y densas. Al bajar del avión, nos sorprende una brisa más bien fresca, que para mi gusto, es una delicia. Nos transporta hasta el hotel una pequeña furgoneta que a gran velocidad acomete una bajada larga y vertiginosa por una concurrida autovía hacia el Puerto de la Cruz. A la izquierda y salpicando una ladera colosal, multitud de casas de campo y edificios dispares se asoman frente a un océano atlántico de un azul profundo, entre una vegetación exuberante. Llegamos al hotel. Salgo a pasear por las calles de esta ciudad en las que en otros tiempos, los de la guerra civil, mi abuelo, daba clases de canto y dirigía el conservatorio. Todavía conserva Santa Cruz, algunas de esas casas y palacetes románticos del siglo dieciocho con sus cocheras y balcones coloniales. Delicados parques abigarrados de palmeras, dragos y exóticas casuarinas engalanados con bustos y esculturas de personajes ilustres y a escasos metros del hotel, el teatro Gimerá, coqueto e impenitente al tiempo, donde todavía resuenan en las paredes los aplausos y ovaciones de grandes operas y zarzuelas, y en el aire que lo llena, aún se intuye el perfume de señoras emplumadas, narcotizadas por la voz de aquellos tenores al paso de una furtiva lágrima.
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