sábado, 26 de julio de 2008

Julio

Definitivamente Julio es mi mes querido, difuminados atardeceres que se desvanecen sigilosamente por el horizonte, el sol que se quiebra en el firmamento y muestra su aspecto mas dulce allá en el ocaso de los tiempos, resignado como siempre hasta otro mañana por venir; un clásico. Porque será que el verano es tan corto y Buenos Aires una ciudad enorme y apasionada, de calles eternas y profundas heridas que el tiempo no quiere borrar. Las ciudades son libros que se leen caminando. De Tucumán hacia San Télmo los balcones te susurran de amores y arrabales. Compadre y hermano Quintín que mano tienes para el asado, asadíto y dulce de leche, la matera y la bombíta y ese termo bajo el brazo, calle abajo hacia el puerto y Montevideo.
Cuanto tiempo estaremos muertos che, vivamos pues apasionadamente.

domingo, 27 de abril de 2008

Apocrifolía

Insisto, soy un hombre analógico, un romántico temerario y aventurero ligado emocionalmente a la historia y a la naturaleza. Al Joralillo cuando al amanecer, en los bosques de Efromea seduce a la hembra del Jirjincho con su canto coralino y desesperado. No he vivido nada mas hermoso que un atardecer en la playa de Besmunia contemplando como el sol, en los estertores del ocaso flamea sutilmente la cresta de una ola condenada al promedio. Es asombroso el cauce del Kereléo a su paso por Chumgrim, la ciudad de los Soframitas, cejijuntos guerreros que arrojan fuego por la nariz. Las noches en santa Berena son un disloque para los sentidos. El cielo azul turquesa se tiñe de oro y nácar y un aroma “de a frambuesa” se diluye por las praderas que peinadas de cantueso arrebatan al silencio una brisa aflautada y sibilina. Numerosas son las mañanas de primavera en las que el Nasmuti, el monte otrora volcán sagrado de los antiguos Jusneitas, aparece cubierto de pétalos de Boleia, la flor azul que solo crece en las profundidades del mar dulce de Talonia. En otros tiempos, las imponentes murallas de Adrisdergis, la ciudad de las Mainonias, jóvenes arqueras entregadas permanentemente al placer protegieron a una población diezmada de Amurios, de un ejercito de diez mil Catrianos armados ferozmente hasta los dientes, cabalgando sobre mas de cinco mil Bulotes, veloces palmípedos similares al camello y unos tres mil Elforones, especie de paquidermo similar al elefante, todos ellos comandados por Ajílias Parcas, tirano rey de Catria, la patria del gran poeta Saufos quien antes de suicidarse escribiera las hermosas glorias a Efluvia, diosa del llanto celestial. El mundo es cada vez mas grande y temerario mi añorada Efluvia y las dudas duelen como las horas robadas al sueño que exige razonablemente la noche divinamente estrellada; ahora bien, no es mas pequeño ni el amor que estimo necesario para salir a tu encuentro, ni la celosa herida que sin tregua, pretende socavar mi irrevocable decisión de vivir amándote apasionadamente hasta el final de mis días......oyes.

lunes, 14 de abril de 2008

Jardines en el Cielo

Hace tiempo que no atiendo al universo que me ofrece el infinito derroche inagotable de galaxias y planetas. Ajeno a la sustancia indispensable que alimenta el pensamiento, la mística y la ciencia, la música y el verso; me entrego ingenuamente a la rutina de lo breve, la culpa y el lamento va por días; la táctica y el gesto. Consciente de lo efímera y aciaga que suele ser la vida, me empeño en todo aquello inconsistente que resuelve en lo inmediato. Esquivo a duras penas maldiciendo los enredos del destino. Las horas de oficina para aquellos con cara de pepino. La turbia magia negra, la blanca medicina, la dieta del serrucho, la piel con vaselina. Las noches de cabiria, las duchas de agua fría, la misa y el rosario con flores a María. Me pesa todo el resto de este sueño que al cabo por siniestro total y no parcialmente indigesto, vandálico y funesto; al fin se torna en gesto y con vehemencia, machaca la conciencia; el delicado espíritu incipiente, lacónico y modesto, la fuente de la vida, de cada día nuestro, el pan que rico aguarda tan tierno en aquel cesto; las suaves primaveras, los cánticos tan bellos, caricias, ambrosías, apasionados cuentos, batallas empatadas marcadas en los huesos, heridas mal curadas, históricos excesos. Que lastima Belinda, que amores son aquellos, laureles de otro mundo, jardines en el cielo.



martes, 8 de enero de 2008

Feliz Año Nuevo

Feliz Año Nuevo, querida familia. Últimamente he de reconocer que estoy algo espeso y breve, I know, casi un mes sin dejar nada escrito en este incipiente blog. ¿Seré un vago?.... por favor señorita, no quisiera. Lo que pasa es que tengo un ritmo que no me lo merezco. Todos los años lo mismo, me suena a aquello de las manos frías y el corazón espeso. El puente entre el otoño sibilino y el invierno feroz, la navidad, el árbol y el nacimiento; las emociones contrastadas, la familia y uno mas, la prematura oscuridad que deja el atardecer, la certeza inevitable de cerrar uno y otro año , los propósitos para el que empieza, para que vivir si no; Un clásico. Este año nuevo quisiera ser mas emprendedor, como siempre. Tengo ocho nuevas canciones para un próximo disco, estoy en ello, porque lo que no te tumba te hará mas fuerte y que así sea, firme como el unicornio, muchos deseos por cumplir, proyectos cercanos, algunos viajes pendientes, una gira con Ismael Serrano por delante. De lo bueno que la vida nos pueda ofrecer a todos los que estamos en este barco, os deseo lo mejor de todo corazón para este año 2008 en el que por cierto cumpliré si Dios quiere los cincuenta, una edad de vértigo pero ciertamente hermosa. Ahora, como debe ser mas que nunca, hasta un nuevo encuentro, un abrazo enorme y muchos besos, salud y amor.
Foto: Ismael Serrano, Javier Bergia, Silvio Rodriguez

martes, 6 de noviembre de 2007

Agua

Encontré tus pendientes en el aljibe una mañana de navidad, cuando rompía las horas el frío imponente de otro invierno precoz; intenso y profundo letargo como el océano de tu silencio. Para que me preguntaba dispuesto, otro café prematuro. Y así el perfume de tu cuerpo inundaba toda la estancia, alentando tu pelo castaño un recuerdo en la nostalgia; sobre la almohada vencida, compañera de otros tiempos, en los que tres horas de sueño hicieron una fortuna y los días de caricias racimos de gloria vieron, que dejaban con tu ausencia un acicate imborrable. Será tarde me pregunto, sin querer hacer un drama, pues la luna esta preciosa depilandose en mi cama. Bellas palabras heridas, de muerte en el fregadero; arrumacos de cocina con el viento que se fueron, a algún lugar de otro mundo donde habita la memoria, que guardan las olas cautivas en la playa de mis sueños.

lunes, 8 de octubre de 2007

Psicografía

Frente a mi vienen andando en colores afilados al amanecer. Penetrando impenitentes por el quicio permanente de la vida regalada. Son las horas y los días sibilinos de otro otoño febril. Van quebrando por sorpresa la distancia prudente y de rigor. Ocupando impunemente la templada estancia de mi conciencia, donde habitan sin piedad los errores que la historia dejó por imposibles; por patológicos.
Como ayer caen las hojas entregadas al exilio mortal que impone la desgarradora mudanza, bajo el ritmo incalculable del silencio que atenaza cualquier proyecto de fuga. La infinita ausencia de respuesta desesperada.
Ni la mínima caricia que atenúa el baile de los tiempos muertos, rozando las heridas que siempre deja el incipiente verano.
Y el buzón ausente de esperanza, de noticias luminosas.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Pozuelo

En primavera y durante el verano solíamos ir algunos domingos a Pozuelo de Alarcón. Corrían los años sesenta y mi padre alquiló una pequeña casíta, ciertamente destartalada en aquel entonces todavía pequeño pueblo cercano a Madrid. Por allí a primera hora de la mañana, pasaba un lechero con un carromato cargado con enormes tinajas, tirado por dos preciosos caballos blancos que al trote se anunciaban desde la distancia haciendo sonar multitud de cascabeles; un churrero con una enorme cesta de mimbre llena de churros y porras chorreando aceite y desprendiendo ese olor imborrable a fritanga, un misterioso mielero daba voces arrastrando un burro cargado con dos alforjas que portaban grandes cantaros repletos de miel celosamente cerrados con unas enormes tapas de madera y así todo tipo de vendedores ocasionales, labradores con ricos tomates, cebollas pimientos y melones. Mi tío Mario tenia un moderno chalet en aquella misma improvisada calle. Allí nos juntábamos tíos, primos, hermanos y demás familia alrededor de la figura imponente de mi tío Mario que ejercía por derecho una notable autoridad. Todos le queríamos mucho y le teníamos un gran respeto. Siempre estaba al tanto de todo lo que sucedía en la familia, desde las notas y los estudios de los mas pequeños y medianos, hasta las relaciones laborales y conyugales de los mayores. En aquel entorno, cada cual tenía su pandilla, aprendimos a montar en bicicleta, jugábamos al balón en el campo de doña Escolástica, nos regábamos con una manguera cuando el calor apretaba mientras nuestras respectivas madres con un amor impagable y un notable celo contenido preparaban suculentas ensaladillas rusas y filetes empanados. Mi padre y mis tíos, todos en rigurosa camiseta blanca, fumaban y bebían jugando acaloradamente a las cartas sobre una mesa, hablaban a escondidas y hacían todo tipo de planes con respecto a la familia. Tras la comida, la siesta era inviolable y sagrada y los ronquidos estremecedores. Al atardecer se lavaban los coches en riguroso turno y para finalizar nos despedíamos con tremendos, sonoros y efusivos besos y abrazos como si no nos volviéramos a ver nunca mas. Eran otros tiempos, solo queda el recuerdo que ejercita la memoria.